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Entrevista carlos rui cpyoga

P – Cómo va el Yoga en el Mundo?

Carlos Rui – El término Yoga parece estar perfectamente integrado en Europa y Estado Unidos, aunque todavía no queda descartada la imagen algo exótica que, románticamente, le atribuyó Occidente. Hoy en día, infelizmente, el término Yoga, es mucho más célebre por motivos secundarios y complementarios que por el conocimiento de su propia esencia, siendo frecuentemente confundido con algo monótono y muchas veces reducido a una especia de gimnasia de ásana terapéutica con aparatos de madera, cintos, mantas,etc., o a un repertorio de ejecuciones contorsionistas y acrobáticas, muy de moda entre las estrellas del rock internacional.

Por la simple observación de los anuncios de televisión, revistas y periódicos, podemos comprobar que Yoga es noticia regular, y que es usado como una poderosa herramienta de marketing para a atraer nuevos clientes hacia productos calificados de “naturales” (yogurts con bífidus, etc.) y sus dudosos beneficios.

También se constata una explosión en el mercado específico de los practicante de Yoga de productos que son anunciados como necesarios para la práctica del yoga: sticky-mat, camisetas, pantalones, bolster, cintos, cuerdas, bolsas, aparatos de maderas (back-bend y foward-bend), bloques, etc., etc.

Los Spas de moda cuentan con profesores de Yoga para el bienestar de sus clientes, los mejores gimnasios de las grandes ciudades también ofrecen los Yogas de moda en las horas más solicitadas.

En las grandes ciudades es habitual encontrarnos con alguien transportando en su hombro la bolsa con el sticky-mat.
Vedettes y actrices de series televisivas y telenovelas se pasan a la comida vegana tres veces por semana y también practican yoga; pero la mayoría de ellas lo hacen entre cigarrillo y cigarrillo conteniendo algún producto prohibido y unos tragos de Absenta. Un inmenso universo de productos, que directa o indirectamente están conectados al yoga, invaden sutilmente nuestra vida.

También aparecen los anuncios de los más diversos tipos de Yoga: Yoga para nerviosos, Yoga para embarazadas, Yoga para asmáticos, Yoga Zen, Yoga Trascendental, Yoga del Poder, Yoga danza, Yoga Kundalini, Yoga para escoliosis, Yoga para perros, etc. … etc.

Como por arte de magia, un número increíble de seres humanos descubren su vocación para enseñar Yoga, de esta forma los pseudo Maestros y profesores de Yoga nacen todos los días, como las setas transgénicas, tal es la hartura!

Por estos motivos puedo concluir que: el mercado de Yoga está pleno de vitalidad en occidente.

En mi opinión, el Yoga está dando los primeros pasos consistentes en el llamado mundo moderno. Y francamente, todavía me parece prematuro hacer afirmaciones concluyentes sobre la popularidad del Yoga en Occidente. El gran despertar para el Yoga en Occidente comenzó en los años 70/80, y todavía es pronto para balances cualitativos, porque en términos cuantitativos es un “boom”.

Pero la cantidad reducida a sí misma es sólo un “presupuesto” necesario, pero no explica nada; de hecho es una base, pero no es más que eso, y no debemos olvidar que la base es, por definición, aquello que se sitúa en un nivel más bajo, por eso reducir la cualidad a cantidad no es más que “reducir lo superior a lo inferior”, lo que es una de las más típicas aberraciones del mundo moderno.

 

P -Por su respuesta se entiende que en cuanto a la cantidad todo va bien, pero entonces, puede aclararme dos cuestiones:

a) Qué es Yoga?
b) Y qué opinión tiene sobre la calidad del Yoga en el mundo moderno?

Carlos Rui – Vamos allá por partes;

a) Yoga en si puede ser un término equívoco, y con mucha frecuencia en la literatura y tradición oral de la India, verificamos que su significado cambia de siglo para siglo y de una tradición a otra, si hay un Yoga Clásico sistematizado, hay un Yoga popular Barroco y otro Pre-Clásico no sistematizado; si encontramos un Yoga Ascético y restrictivo, también nos encontramos seguramente con otro de tendencia erótica y liberadora.

El término Yoga puede significar: “método” (Gita, III, 3), “actividad” (Moksadharma, V 11682), “renuncia” (Gita, VI, 2), “Yoga es el control de las fluctuaciones de la mente” (Yoga-Sutra, cap. 1, vers 2), etc.

Esta variedad de significados se deben sin duda a la versatilidad del Yoga y a la riqueza de la cultura Indiana.

Pero la palabra Yoga es de género masculino y deriva etimológicamente de la raíz verbal YUJ que significa “reunir, subyugar” y puede tener muchas connotaciones tales como: “conjunción de estrellas, regla gramatical, tentativa, ocupación, unión, pareja, equipamiento, recursos, artificio, mágica, agregado, etc.” Se relaciona con el inglés –yoke-, francés –joug-, alemán –joch-.

Podemos deducir por la raíz verbal que Yoga está ligado al concepto que permite el control y dominio de algo, y definir Yoga como una “técnica ascética”, un “método de contemplación”. Cualquier otra definición es restrictiva y sólo abarca a un determinado tipo de Yoga en particular.

b) En cuanto a la cuestión de la calidad del yoga en el mundo contemporáneo, comprobamos que:

El objetivo y calidad de las técnicas que el Yoga ofrece al ser humano no van a quedar perdidos en cualquier esquina entre un mundo antiguo y el fascinante mundo moderno.

Tampoco me parece que el ser humano en sus funciones mentales, orgánicas y en su biomecánica, se haya transformado en los últimos 5 mil años.

Es cierto que los desafíos culturales, técnicos y económicos son diferentes, pero la mano que hoy atiende el teléfono móvil y la que cogía bayas tres mil años atrás para comer, la que aseguraba y asegura hoy el dedo gordo del pié en Utthita-Astha-Padangustásana, están sujetas a los mismos impulsos nerviosos, trabajan con los mismos músculos y tienen en el cerebro el mismo espacio en la zona motora.

Lo que pueden es estar diferentemente especializadas. Por tanto, la calidad de las técnicas del Yoga como herramienta psico-física están ahí para durar y trascender a nuestra existencia.

El problema que se levanta es otro, está relacionado con la calidad humana y pedagógica en la enseñanza del Yoga. Tal vez sea útil intentar contextualizar y definir este tópico;

En Occidente, rápidamente adaptamos el Yoga a nuestros ritmos y conveniencias. La simple noción de clases, en el sentido de un horario regular para aprender, es algo característico de nuestra cultura.

Si en India se desarrolla actualmente esta forma de enseñanza del Yoga, es debido a la influencia y a la demanda de los occidentales habituados a los ritmos escolares.

En Occidente recibimos clases de Yoga, dos, tres, cuatro veces por semana, con la misma actitud con que participamos en las clases de música, de tenis o de golf.

Esta occidentalizada forma de aprender es totalmente ajena a la enseñanza tradicional de Yoga, en la que el estudiante vive cerca de su Guru y el desarrollo gradual de su calidad de vida es uno de los criterios fundamentales para su evolución personal, tal vez sea la misma piedra de base en el proceso pedagógico y enseñanza tradicional del Yoga.

La transformación de la enseñanza tradicional, aleja al estudiante de las innegables (aunque por veces ambiguas) ventajas de la relación maestro-discípulo. Desapareció casi por completo, el aprendizaje de la cultura del Yoga en los ritmos de la existencia cotidiana.

Nos apartamos de la tradición Indiana de transmisión personal de maestro a discípulo, transformamos el Yoga interpersonal. Lo que quiero decir es que nos encontramos presentes en una nueva etapa de vida del Yoga, que está marcada por la ruptura del Yoga con su contexto cultural inicial. Hicimos emerger un moderno Yoga Occidental.

El trasplante del Yoga, de un universo social y mental hacia otro, es todavía poco conocido, y qué tipo de perversiones y deformaciones puede generar esta situación, será seguramente tema serio de reflexión para cualquier yoguin honesto y dedicado.

 

P -Pretende afirmar que los métodos de eneseñanza occidental y sus profesores no son totalmente compatibles con el Yoga?

Carlos Rui – No, en forma alguna estoy haciendo esa afirmación. Estoy sólo haciendo una reflexión sobre el supuesto de existir una nueva relación en la vida del Yoga, esa relación está todavía en la fase de enamoramiento. No quiere decir que necesariamente sea buena o mala, existe y no podemos ignorar ese hecho.

Por ejemplo:

El pomposo término “profesor de yoga” y lo que éste implica es un ilustre recién llegado al mundo del Yoga. Tal vez, el término “instructor de yoga” sea el más apropiado para clasificar a este nuevo personaje.

Me explico:

El término Guru no tiene aplicabilidad sustentable en occidente, queda irremediablemente fuera de contexto (a pesar de ser utilizado en las sectas y por manipuladores sin escrúpulos).

El término Profesor se usa generalmente en el ámbito de la enseñanza de una actividad académica siendo por tanto, en mi parecer, inapropiado para definir a quien transmite la enseñanza del Yoga en occidente.

Y el término Maestro es utilizado en el contexto de aquellos que después de muchos años de práctica, conquistaron un elevado saber y dominio de un arte, como un pintor, escultor, relojero, carpintero, etc.

Este último término “Maestro”, no estando fuera del peligro de insuflar muchos egos eventualmente mal resueltos y sedientos de afirmación personal, podría ser, en raros casos, una definición aceptable.

El término instructor se usa para clasificar, por ejemplo, a quien enseña a conducir automóviles y el respectivo código de circulación, dando las instrucciones precisas sobre el arte de maniobrar con éxito y seguridad un vehículo, respetando éticamente un conjunto de reglas y señales. Además, el instructor es responsable de la correcta comprobación de que la persona a la que instruye, domina las técnicas de conducción, comprende y sigue de forma diligente las reglas y la ética, preserva su vida y respeta la de los otros.

Así, el término “instructor” es, seguramente, el más adecuado y preciso. Ya el Katho-Upanishad, en la famosa historia de Yama y Nachiketa, ilustra bien este punto de vista.

 

P – Qué historia es esa?

Carlos Rui

Yama “Dios de la muerte”, cuenta a Nachiketa la historia del coche diciendo:

  • el ser humano es como el conductor de un carro tirado por caballos. Yama observando la mirada aprehensiva de Nachiketa, continuó:
  • el cuerpo es el coche
  • el intelecto “Buddhi” es el conductor del carro
  • la mente “Manas” corresponde a las riendas
  • los sentidos son los caballos
  • los objetos de los sentidos son los caminos recorridos por los caballos.

Yama esperó un poco, observando la cara pensativa de Nachiketa, prosiguió sin darle tiempo para mucha reflexión:

  • El coche (el cuerpo) que anda sin rumbo tiene:
  • caballos (sentidos) caprichosos que no están debidamente entrenados
  • riendas (mente) que no están firmes ni debidamente controladas, permitiendo que cada caballo tire del carro a su capricho
  • un conductor (intelecto) adormecido, embriagado, sin arte en el dominio de las riendas y conocimiento de los caballos, incapaz de conducir su coche en dirección al objetivo que pretende alcanzar.

Yama paró de hablar, contemplando las sombras de su inmensa cueva, agitó tranquilamente el fuego de la hoguera. Y dirigiendo una intensa mirada a Nachiketa, comenzó a hablar:

  • El hombre vulgar ilustra bien la historia que te conté, no tiene control alguno sobre los sentidos, como todavía está gobernado por ellos, se deja conducir, como un loco hacia donde ellos le llevan.
  • El Yoga es el dominio de nuestro vehículo psicofísico, los sentidos son los principales factores de dispersión, deben ser sometidos al control de Buddhi. Sólo así el coche llega al destino deseado.

Entiende ahora mejor la razón de insistir en la utilización del término “instructor”?

 

P – Si, pienso que lo entiendo, pero el término Maestro no sería más justo?

Carlos Rui – No, repare en que no todos los pintores y escultores son Leonardos Da Vinci, y sin embargo comprenden inequívocamente su arte, teniendo con ellos una relación profunda. Un Maestro debe tener el talento, el refinamiento y la visión de un Leonardo Da Vinci.

Consigue clasificar a todos los que enseñan Yoga en Occidente e incluso en India, como poseedores de ese talento?

 

P – No, no, pero quien está en el papel de entrevistador soy yo, por favor, no invierta los papeles (risas). Cómo puede entonces definir a un instructor de Yoga?

Carlos Rui – Vamos a separar algunas aguas:

Encontrar quien tiene vocación para enseñar no es un problema sólo del Yoga. Todos nosotros durante la vida de estudiante tuvimos numerosos profesores.

Pero seguramente, que podremos contar con los dedos de una mano, aquellos que verdaderamente nos inspiraron y abrieron nuevos horizontes en la forma de entender las materias y de fluir en la vida.

a) Dar clases de Yoga para: desempolvar parte de un ocioso día, porque está de moda, es “fashion”, porque facilita la acción predatoria sexual, como recurso a un simple empleo que sirve para pagar el alquiler de la casa y los gastos generales y que nos sobre algo para algunas extravagancias, curtir la escena de ser duro en la práctica de Yoga, y mostrar que se tiene un dominio “exterior” de las posturas avanzadas.

Seguramente que estos ejemplos no serán lo mismo que tener la vocación para enseñar Yoga.

b) La vocación para enseñar Yoga no se aprende, o se tiene o no. Lo que se aprende es a desarrollar y a mejorar esa aptitud.

Enseñar Yoga no es un fenómeno que ocurre en la vida del practicante de un día para otro. Pasa generalmente por un conjunto diversificado de motivaciones existenciales íntimamente ligadas a cada historia personal.

Es raro que esta búsqueda no tenga como punto de partida, consciente o no, un desconfort, una insatisfacción profunda, una necesidad de libertad individual.

Este proceso engloba una voluntad de exploración de las propias capacidades corporales, el deseo de desarrollar un mayor poder de concentración, la aspiración del auto-conocimiento a través de una disciplina que tiene su enfoque en la interiorización y el desarrollo global del ser humano.

Observando la historia del Yoga, comprobamos que ese inconformismo, esa búsqueda de la libertad e individualidad no es contemporánea.

El Yoga puede ser definido como una vía para liberar al ser humano de Duhkha que significa dolor físico, desconfort psicológico, inquietud, agitación, agonía metafísica.

Cuando el practicante ya alcanzó un punto en que su práctica está estructurada, es diaria, consistente y mantenida por largo tiempo, puede sentir la necesidad de ser un vehículo de transmisión del arte del Yoga.

Estos son algunos de los componentes que hacen germinar un buen instructor de Yoga. Puede entenderse por lo referido que transmitir el arte del Yoga tiene en cada historia personal un principio claro, pero no un fin, siendo un continuo proceso de práctica, experiencia, madurez y crecimiento interior que envuelve siempre el respeto profundo por el espacio, libertad y sensibilidad de los otros.

 

P – Cuáles son las señales que un estudiante de Yoga debe tener en consideración para verificar que las clases que frecuenta tienen calidad?

Carlos Rui – Primero debo mencionar que existen diferentes formas de abordar el Yoga, aunque no sea de esto sobre lo que me voy a pronunciar, y sí sobre lo que debe ser salvaguardado independientemente de las diferencias de estilos de Yoga, lo que seguramente permitirá al alumno hacer una valoración cualitativa de las clases que frecuenta.

a) Tradicionalmente en la India, el Guru era pagado por sus discípulos con trabajo, servicio (Karma Yoga) y regalos (comida, flores, dinero, etc.).

Hoy en día eso no es posible, por lo tanto el instructor debe establecer de forma clara los honorarios que cobra por sus clases, de acuerdo con su experiencia.

b) Debe cumplir los horarios de las clases rigurosamente, comenzando y terminado a las horas previstas.

c) Tener una irreprochable y cuidada presentación personal.

d) Debe arreglar la sala de clases para que tenga las condiciones de higiene, luz, ventilación, temperatura y todos los materiales convenientes para la seguridad, el confort y el progreso de sus estudiantes.

e) Debe tener grupos con niveles de principiantes, intermedios y avanzados, para no mezclar en la misma clase a estudiantes con diferentes niveles de práctica.

f) Dado que las clases para los diferentes niveles obedecen a programas y particularidades técnicas y pedagógicas diferentes, el instructor sólo debe enseñar aquellos niveles para los que tiene formación y las materias sobre las cuales tiene una experiencia práctica objetiva.

g) El instructor debe desarrollar excelentes capacidades de demostración de los ásana (sin “show-off o narcisismo), así como instrucciones verbales positivas, seguras, claras y precisas. Debe además, enseñar de acuerdo con las necesidades reales de sus estudiantes.

h) El instructor debe saber como cultivar la perseverancia de sus estudiantes, desarrollar su fuerza de voluntad y transmitir el conocimiento sobre cuales son los puntos de focalización de la atención y aplicación del esfuerzo.

i) Durante una a dos horas y media (de acuerdo con los diferentes niveles), el instructor dará su clase de forma organizada y programada, estando atento al conjunto de preceptos técnicos y pedagógicos que permiten el proceso de desarrollo gradual de sus estudiantes.

j) Sin embargo, el instructor no asume las funciones psicológicas y espirituales de un Guru (eso sólo ocurre cuando padece algún trastorno de personalidad).

Pero quiera o no, no se puede escapar de la responsabilidad de ser el catalizador del proceso de transformación de sus estudiantes.

Algunos practicantes se sumergirán profundamente en ese proceso interior.

El instructor debe tener la capacidad, sensibilidad y autonomía para preservar siempre, el espacio y la libertad de todos sus estudiantes.

k) El instructor debe salvaguardar su vida privada. Sin que esta interfiera en su conducta durante las clases. No debe, tampoco, mostrar preferencia particular alguna por sus estudiantes, todos deben ser tratados de igual modo.

 

P – Puedo ahora hacerle una pregunta más personal?

Carlos Rui – Claro que puede, tiene toda la libertad para hacerlo, como yo tengo la libertad para responder sólo a lo que me parece apropiado para este tipo de entrevista…..

 

P – En su interior, no deseaba vivir aquel lado Místico y esotérico del Yoga, como probablemente la mayor parte de los estudiantes occidentales sueña?

Carlos Rui – Seguramente esta es una buena pregunta para terminar esta agradable conversación.

Pero, francamente, todavía hoy me gustaría saber ¿qué es eso del lado místico y esotérico del Yoga que habita en la mente de los estudiantes occidentales?

  1. Andar vestido de Indiano con la cabeza rapada?
  2. Repetir como un papagayo de forma acrítica y acéfala los libros de algún Guru, vendiendo con fervor (inocentemente en un principio) la falacia del maravilloso Yoga Antiguo?
  3. Entregar la responsabilidad, gestión, y control de su vida (bienes) a una comunidad de algún Guru?
  4. Expresarse con voz suave, dócilmente, parecer buenacito como “un angel”, emanar la sensación de que sólo se tienen pensamientos elevados?
  5. Tener un ataque de histerismo cuando accidentalmente pisa una lombriz o una hormiga, cuando con cada respiración y digestión extermina millares de pobres bacterias y virus (que sólo pretenden cenar)
  6. Ver luces, tener temblores, espasmos físicos y gritar como un poseso en grupo?
  7. Pasar horas escribiendo y discutiendo las clases de un Guru, preocupado con cada palabra dicha como “lo más importante”, sin percibir el contexto y sentido de su intervención?
  8. Practicar siempre las mismas secuencias de posturas durantes varios años, ser operados de las rodillas, padecer hernias discales, ejecutar los ásana desalineados y de forma anti-fisiológica?
  9. Estar encerrado en una sala con una temperatura de 40º, sudando como un anormal, beber agua como un camello y esperar por el aplauso colectivo, porque hoy el profesor resolvió que usted hizo mejor una de las posturas de la secuencia?
  10. Adherirse a un pseudo Yoga tántrico para liberar, con absolución pía, la imaginación sexual?
  11. No saber qué hacer de su práctica de yoga si no utiliza de forma frenética y compulsiva el material de apoyo (bloques, cinturones, bolsters, cuerdas, etc.)?

Es obvio, que naturalmente alguna de las situaciones que he referido anteriormente y también otras, puedan formar parte del proceso inicial de aproximación al mundo del Yoga.

Es fundamental tener humor y saber reírnos de nuestra ingenuidad y falta de experiencia. El problema reside en el hecho de que estas situaciones llegaran a convertirse en un comportamiento crónico y fueran integradas como objetivo (distorsionado) de la vida de un Yoguin.

Existe una gran diferencia entre lo esencial y lo accesorio: una cosa es algo técnico como pueda ser por ejemplo, abrochar el botón de una camisa, y otra cosa querer integrar la totalidad de una cultura distinta a la nuestra.

En el caso de la técnica de abrochar el botón de la camisa, tiene que ser clara la instrucción de qué mano o pié, y cuantos dedos participan en la técnica. Si está de pié, sentado o acostado, etc. Cualquier ser humano con las instrucciones correctas y entrenamiento (y también si tuviera todos sus miembros) puede abrochar un botón.

Encender incienso, recitar palabras en sánscrito, ser devoto de una divinidad del Indo, hacer Pujas, vestir saris, llevar la cabeza rapada, entrenar una fisionomía ascética, negar la realidad objetiva del mundo exterior (también efímera).

En fin, querer pasar una esponja y limpiar nuestra historia personal es un problema.

Como se menciona en el Hatha-Yoga-Pradippika Cap.1 Ver. 66 : La perfección en el yoga no se alcanza por tener la apariencia exterior de un yoguin, por hablar y debatir sobre el yoga … La práctica es el único camino para el éxito. Esta es la verdad, sin duda alguna.

No se puede cambiar de cultura como de camisa, cerrar el pasado y cambiar de historia personal, lo que sí podemos es decidir qué es lo que tiene sentido para nosotros del mundo que conocemos, lo que pretendemos mejorar, transformar y transportar como auxilio en el camino hacia nuestra libertad.

No tengo nostalgia alguna por el occidental lado místico del Yoga, ni por la forma como el Yoga fue transmitido en la India antigua, vivo cada momento en el presente y en él, la cultura, tradición y esencia del yoga están vivos.

Y ahora vamos a terminar, pues estamos ya en la hora de mi práctica, hasta la próxima!



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