Perimenopausia: cuando el cuerpo deja de ser tan predecible

Serie Mujer en el Yoga · Artículo 2

Hay mujeres que describen esta fase de una forma muy sencilla:

“Yo conocía mi cuerpo. Ahora ya no sé muy bien qué esperar de él.”

Durante años, el ciclo puede haber sido relativamente predecible. Pero llega un momento en que empieza a cambiar. Una menstruación llega antes, otra se retrasa, el flujo cambia, el sueño puede empeorar, y los niveles de energía ya no parecen los mismos.

Muchas veces es así, sin una frontera clara, como comienza la perimenopausia.

Pero tratar de comprender esta fase no consiste solo en intentar entender qué ocurre con las hormonas. También consiste en aprender a vivir en una etapa de nuestra vida en la que el cuerpo puede volverse mucho menos predecible.

Vídeo (en portugués): O meu ciclo mudou. Será perimenopausa?
Podcast YOGA sem filtros (en portugués): Perimenopausa: uma transição, não uma avaria

La perimenopausia es una transición, no una fecha

No existe una edad exacta en la que comienza la perimenopausia.

Durante esta fase, la función ovárica va modificándose y las oscilaciones hormonales pueden volverse más acentuadas. Para algunas mujeres, el primer cambio evidente es el ciclo menstrual. Para otras, pueden aparecer primero alteraciones del sueño, sofocos, cambios de humor o dificultades de concentración.

Y algunas atraviesan gran parte de esta transición sin síntomas especialmente molestos.

Por eso, dos mujeres de la misma edad pueden tener experiencias muy diferentes. Y esta variabilidad es una de las características importantes de la perimenopausia.

No todo lo que cambia significa que existe un problema

Cuando el cuerpo deja de responder como estamos acostumbradas, es natural que busquemos una explicación. Y, hoy en día, una de las primeras que se nos ocurre es casi siempre: “Son las hormonas.”

Es verdad que los cambios hormonales forman parte de la perimenopausia. Pero eso no significa que el organismo esté simplemente “desequilibrado” o que necesite volver al estado anterior.

La perimenopausia es una transición fisiológica, marcada por cambios naturales en la actividad hormonal y por diferentes formas de adaptación del organismo.

Y reconocer esto no significa, en absoluto, que estemos restando importancia a los síntomas.

Algunas mujeres pasan por cambios significativos del sueño, sofocos, cambios de humor, hemorragias u otros síntomas que pueden justificar una evaluación, seguimiento y tratamiento médico.

Lo importante es distinguir entre un cambio fisiológico y un problema de salud que necesita atención. No todo lo que cambia durante la perimenopausia es señal de que algo está “estropeado” en nosotras.

La perimenopausia forma parte del recorrido de toda una vida

También existe un riesgo en explicarlo todo a través de las hormonas.

Entre los 40 y los 60 años pueden estar ocurriendo cambios profundos en nuestra vida, además de estos cambios fisiológicos internos.

Los hijos se hacen independientes, nuestros padres pueden empezar a necesitar más cuidados, podemos cuestionarnos nuestra carrera profesional, las relaciones van cambiando y la sexualidad también.

Podemos sentir que tenemos más libertad o, por el contrario, más responsabilidades que nos condicionan.

Y es en este contexto cuando puede surgir una nueva pregunta:

¿Cómo quiero vivir los próximos veinte o treinta años?

No estamos hablando de hormonas, pero todo ocurre en nuestro cuerpo.

Por eso, el cansancio, la irritabilidad, la ansiedad o la falta de concentración no deben atribuirse automáticamente a una única causa.

La perimenopausia forma parte del recorrido de toda una vida, y no son solo las hormonas las que nos influyen.

¿Qué puede aportar el Ayurveda?

El Ayurveda no posee una versión antigua de la endocrinología y no debemos transformar conceptos tradicionales en equivalentes hormonales.

Una de sus contribuciones más interesantes es que el Ayurveda contempla las diferentes etapas de la vida como períodos en los que las necesidades del organismo se modifican.

Si buscamos únicamente eliminar síntomas, sin comprender qué hay detrás, probablemente no consigamos lo que deseamos.

Así, en esta fase, quizá sea más adecuado intentar comprender:

“¿Qué está cambiando en mí y qué necesito ahora?”

Aquí entran dos conceptos del Ayurveda que nos ayudan a responder a esta pregunta:

  • Laṅghana se refiere, de forma general, a reducir o aliviar aquello que, en un determinado momento, puede estar en exceso o sobrecargando el organismo.
  • Bṛṃhaṇa está relacionado con nutrir, construir y sostener aquello que necesita ser preservado, recuperado o fortalecido.

Lo que importa aquí no son las palabras en sánscrito, sino comprender que no todas las etapas de la vida nos piden la misma forma de cuidar nuestro organismo.

Hay momentos en los que puede ser necesario reducir exigencias, excesos o sobrecargas —por ejemplo, cuando estamos exigiendo demasiado al cuerpo y acumulando fatiga. En otros, se vuelve más importante preservar recursos, recuperarse y sostener el organismo, prestando mayor atención al descanso, a la alimentación, a la recuperación y a aquello que nos ayuda a mantener la fuerza y la vitalidad.

La idea no es que una estrategia sea mejor que la otra, sino comprender que las necesidades pueden cambiar y que la forma de cuidar nuestro organismo también puede necesitar cambiar.

Envejecer no es intentar permanecer joven

Otro concepto ayurvédico importante es rasāyana, traducido muchas veces hoy en día, y de forma sintética, como “rejuvenecimiento”.

Pero quizá sea más útil relacionarlo con vitalidad, adaptación y longevidad, ya que no es un intento de impedir el envejecimiento.

Todos los seres, en un recorrido normal de vida, vamos a envejecer.

Por tanto, la cuestión no es: “¿Cómo hago para no envejecer?”

Es: “¿Cómo quiero envejecer?”

Y, en principio, todos deseamos envejecer con autonomía, con capacidad para movernos, con energía para hacer aquello que valoramos, con relaciones significativas e importantes para nuestro bienestar y con una práctica de yoga que siga teniendo sentido.

Este cambio de perspectiva es particularmente importante en una etapa en la que el cuerpo ya no responde exactamente como antes.

Cómo puede ayudar el Yoga

En la práctica de yoga, cuando una mujer empieza a sentir que el cuerpo está diferente, es natural que empiece a cuestionarse y busque respuestas concretas:

“¿Qué posturas debo hacer?”

“¿Qué práctica es mejor en esta etapa?”

Podemos, claro, adaptar una práctica a objetivos y necesidades específicas.

Pero quizá una de las contribuciones más importantes del Yoga sea:

Aprender a observar.

Y este factor viene mucho antes que cualquier postura o secuencia más específica que podamos organizar para una determinada mujer.

Observar que:

  • la respiración no está siempre igual;
  • la energía varía de un día para otro;
  • la movilidad, flexibilidad, concentración y capacidad de recuperación tampoco son las mismas todos los días.

Y así, percibir estas diferencias puede resultar particularmente útil en una etapa que es menos predecible.

Pero atención: observar no significa empezar a diagnosticar permanentemente cada sensación, buscando una explicación para todo lo que ocurre.

Por ejemplo, una noche de mal sueño, el estrés, el exceso de trabajo, una enfermedad o simplemente un día difícil también alteran la forma en que nos sentimos.

Por eso, el objetivo en esta fase de la perimenopausia no es intentar explicarlo todo a través de las hormonas, de los cambios hormonales.

Es intentar observar y comprender los patrones que aparecen.

“Escuchar el cuerpo” también exige discernimiento

En Yoga decimos muchas veces: “Escucha tu cuerpo.”

Pero eso no significa hacer siempre aquello que nos apetece.

A veces estamos cansadas y realmente necesitamos parar y recuperarnos. Otras veces, simplemente no tenemos ganas, y lo que necesitamos es movernos y hacer una buena práctica de Yoga.

Del mismo modo, si en una postura sentimos dolor —sobre todo un dolor agudo, que puede ser una señal de que estamos exigiendo demasiado al cuerpo o de que algo no está bien— quizá lo más sensato sea parar o modificar la postura, en lugar de forzar y tratar de ir más allá.

En otras situaciones, sin embargo, podemos sentir únicamente la incomodidad propia de un desafío: la intensidad del esfuerzo, la sensación de estiramiento o la dificultad de permanecer en una determinada posición. Aprender a distinguir estas sensaciones lleva tiempo y exige atención y disponibilidad, hasta convertirse en una verdadera competencia para escuchar el cuerpo.

En Yoga podríamos relacionarla, en un sentido amplio, con viveka: discernimiento.

Quizá este discernimiento sea más útil en esta etapa que cualquier secuencia universal “para la perimenopausia”.

Ni enfermedad, ni experiencia espiritual obligatoria

Durante mucho tiempo, la perimenopausia y la menopausia se presentaron sobre todo como el inicio del declive de la mujer.

Hoy, afortunadamente, ya existe un intento positivo de cambiar esta narrativa. Sin embargo, tampoco necesitamos irnos al polo opuesto y transformar esta etapa en una experiencia obligatoriamente liberadora o espiritual.

Aunque algunas mujeres se sienten muy bien, para otras la sensación de que están perdiendo algo es evidente. Unas se alegran de dejar finalmente de menstruar, mientras que otras afrontan síntomas que afectan y alteran profundamente su calidad de vida.

No existe, por tanto, una experiencia que sea la más correcta o igual para todas.

Podemos, sí, reconocer que la perimenopausia y la menopausia son transiciones naturales en la vida de una mujer, sin transformarlas ni en una enfermedad ni en una especie de iniciación espiritual.

Cuándo es importante buscar una evaluación

Es normal que el ciclo menstrual cambie durante la perimenopausia, pero cualquier sangrado fuera del patrón habitual debe ser evaluado y no simplemente atribuido a la perimenopausia.

Las pérdidas de sangre entre menstruaciones, después de las relaciones sexuales o después de haber pasado doce meses sin menstruar deben ser evaluadas por un profesional competente.

Lo mismo se aplica a síntomas que estén afectando significativamente a la calidad de vida o que susciten preocupación.

El Yoga y el Ayurveda pueden contribuir positivamente a la forma en que una mujer se cuida, pero no sustituyen una evaluación médica cuando es necesaria.

Conclusión

Quizá una de las mayores dificultades de la perimenopausia sea esta: durante años, conocemos nuestro cuerpo porque hemos ido aprendiendo a percibir cómo reacciona, cómo se comporta y, de forma aproximada, qué podemos esperar de él.

Después, en la perimenopausia, algunas de esas referencias empiezan a cambiar.

La primera reacción puede ser intentar recuperar nuestra versión anterior. Pero, como hemos visto, quizá exista otra posibilidad: seguir cuidando el cuerpo sin exigir que permanezca igual y seguir practicando sin convertir cada cambio que sentimos en algo que ha fallado.

A través de la autoobservación, podemos aprender a percibir qué necesitamos ahora —lo que, probablemente, no será aquello que necesitábamos hace quince años.

Y es en este momento cuando podemos dejar de preocuparnos por la cuestión: «¿Cómo hago para volver a ser como antes?»

Y pasar a preguntarnos: «¿Cómo puedo seguir viviendo bien mientras mi cuerpo va cambiando?»

Es precisamente ahí donde el Yoga y el Ayurveda pueden tener algo importante que ofrecernos: no impedir la transición, sino ayudarnos a atravesarla con más atención, discernimiento y autonomía.

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Artículo anterior de la serie: Después de los 40, el cuerpo cambia. ¿Y la práctica de Yoga?